Tráfico

Los coches autónomos son la gran esperanza del transporte (cuasi) individual. Estamos a punto de ver en el mercado los primeros vehículos completamente independientes, más inteligentes y más eficientes que ningún conductor. En ello, el IoT juega un papel fundamental. ¿Cuál exactamente? Por ejemplo, en primer lugar, el uso del Internet de las Cosas en un vehículo autónomo permite adecuar completamente la conducción: velocidad, rutas, previsiones… de forma automática y gracias a la información recibida a partir de otros dispositivos, vehículos y otros medios externos de información.
Esto se traduce en una optimización de flotas de transporte o una mayor fluidez en el tráfico. Por supuesto, esto también significa una reducción en el gasto energético y el impacto ambiental. La aplicación directa del IoT en el diseño de los coches puede permitir utilizar sistemas de control de emisión de gases que faciliten la organización para crear ciudades más limpias. También aportarían servicios que ayuden a la gestión de economías colaborativas en cuanto a la conducción, algo que está cogiendo fuerza en la sociedad. Todavía estamos comenzando a visualizar algunas de las aplicaciones pero estamos seguros de que la década venidera verá una auténtica revolución en la conducción. Y en gran parte se deberá al Internet de las Cosas.